Críticas & Comentarios

Reseñas y reflexiones que acompañan la obra

Entrevista Canal 2

Isidro Con Wong, de la magia, la luz y la progresión

Su arte introduce al espectador en un mundo mágico y sensitivo de formas, contrastes y colores vibrantes. Montañas, ríos, peces y árboles se fusionan con dimensiones que trascienden lo cotidiano para alcanzar lo trascendental.

— Joan Lluís Montané, AICA

El cuadro en negro

Isidro explora lo monocromo, la ausencia de color aparente cargada de significado. Sus cuadros negros son un homenaje a la profundidad y al misterio del cosmos. La monocromía de Isidro no es ausencia, es plenitud.

Embrujamiento luminoso — El árbol y los naif

El árbol trasciende, se convierte en foco luminoso que transporta al espectador a un mundo donde lo fantástico y lo real se entrelazan. Sus árboles combinan la inocencia del estilo naif con la fuerza de su técnica personal.

— Max Fourny

Un pintor de realismo fantástico

Su obra se mueve entre la realidad y la fantasía, creando mundos soñados que invitan a escapar de lo cotidiano. Sus pinceles parecen volar sobre los lienzos, como bailarines danzando en un escenario mágico.

Monocromos — La vibración de la oscuridad

Desde la infancia fascinado por las noches sin luna ni estrellas, descubrió que también había vida en ellas. Esa experiencia lo llevó a desarrollar sus monocromos: cuadros donde el negro y la textura hablan por sí mismos.

Bicolor — El equilibrio entre luz y sombra

El blanco y el negro, el día y la noche, el bien y el mal: contrastes que en el arte de Isidro se transforman en equilibrio. Dos colores que, al combinarse, generan mil pensamientos, mil mundos.

Caligrafía fantástica — El arte como lenguaje del alma

Una escritura espontánea del espíritu. Trazos que parecen manchas abstractas se transforman en mensajes cargados de emoción y espiritualidad. Invita a sentir más allá de la forma, a experimentar el arte con el corazón.

Esculturas — Toros en bronce

El sueño de plasmar en bronce los toros del Golfo de Nicoya se hace realidad. Inspirado en la fuerza de la tradición costarricense, cada pieza proyecta energía y emoción que impactan al espectador.

Prefacio del Embajador

La luminosa obra de Isidro Con Wong ha recorrido Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. El Museo Nacional de Historia de Taiwán es ahora el primero en abrir sus puertas para traer esta muestra del arte costarricense a Asia.

El Sr. Isidro Con Wong comparte con nosotros su particular visión de paz y belleza. Nacido en Costa Rica en el seno de una familia de agricultores, creció entre los hermosos y agrestes pastizales, montañas y volcanes de Centroamérica. Su obra refleja un vínculo especial con la naturaleza. Las colinas ondulantes, los árboles gigantes en flor y los toros sorprendidos reflejan una mezcla de poder, belleza, amplitud y magia. Con utiliza la luz, el color y el amor para crear un mundo de ensueño. A través de sus pinturas podemos sentir la melodía de los trópicos. Dentro de esta visión de un Nuevo Mundo, el amante del arte podrá descubrir tesoros ocultos, historias de China que el artista escuchó de su abuela china.

Costa Rica le invita a descubrir su esencia a través del encanto de Isidro Con, y agradece al gobierno y al pueblo de la República de China su cálida bienvenida. Nos complace compartir con ustedes los frutos de la paz y la democracia en nuestros dos países. Es un paso más hacia un mundo libre y próspero para todos.

La Embajada de Costa Rica agradece al Museo Nacional de Historia, a su personal y, en especial, a su director, el Dr. Huang, por traer la obra de este artista contemporáneo costarricense a Asia por primera vez. La obra de Isidro Con es muy apreciada en Mónaco, Estados Unidos y Latinoamérica. Se exhibe en el Museo de Arte Naif de Francia, así como en la colección del presidente Lee Teng Hui. Esperamos que el pueblo de Taiwán también la disfrute.

— Elena A. Wachong de Storer, Embajadora de Costa Rica en Taiwán, 1998

Embrujamiento Luminoso "El Arbol y los Naif"

Entre los motivos generalmente escogidos por los pin¬tores de pintura naif y apreciado grandemente por el públi¬co, sobre todo de América Latina, figuran las diversas cere-monias o fiestas populares, las villas con sus casitas, sus pequeñitos lugares, sus Iglesias, etc., que han hecho evocar a través de las fantasías o de la imaginación del artista un tiempo detenido, un momento en una época tranquila ya pasada o en vías de desaparecer dejando pasar el modernis¬mo de la civilización. El aporte de los naifs de la mayoría de los países, surge particularmente precioso, como memoria de un mundo cambiante, que una mirada candida -tal vez menos de lo que uno cree- asienta en la eternidad hasta en sus más pequeños detalles. Es sin duda alguna, un cuidado de precisión minuciosa, casi apasionado, que procura el mejor encantamiento de la evocación de las multitudes recogidas y entretenidas que enfrentan las callejuelas desiertas.

El comportamiento de ISIDRO CON WONG, silo relacionamos en una buena parte a la familia de los naifs, es no obstante distinto y es situado sobre un plan que yo calificaré gustosamente como superior. Ante todo nosotros hemos constatado, aquí en Mónaco, la tenacidad, el deseo de sobrepasar de corazón a través de numerosos años los vere¬dictos sucesivos. Por otro lado, con una paciencia similar, el no ha cesado de mejorar su técnica y más aún su temática tan particular donde se afirma su personalidad. Con aquella fineza, tan sensible de refinamiento donde se revela su he¬rencia del Extremo Oriente, siempre conservando un frescor extremadamente sensible, él ha logrado realizar un conjunto atractivo.

Sus composiciones con un carácter casi decorativo son constantemente renovadas por el dominio que manifiesta en el uso del acrílico, tratado con una delicadeza y un gusto de grandes armonías luminosas.

De este modo nosotros, incansablemente, nos recreamos con sus maravillosos paisajes, de aire visionario, siempre parecido y a la vez diferente. Paisajes fantásticos donde se mezcla la exhuberancia vegetal de los trópicos, los tranqui¬los rumiantes pastando, transfigurados por los llamativos colores. En sus paradisíacos jardines, con los familiares animales, nos transporta a otro universo. Nosotros concede¬mos a tan genuino embrujamiento poético la particularidad de no cansarnos nunca de tanta diversidad tan rica y sutil.

— Gastón Diehl Presidente del Museo de América Latina Monte - Carlo Mónaco

Negro Insondable

Nacido en Puntarenas hace 73 años, hijo de emigrantes chinos, Isidro Con Wong presenta en la Galería Nacional una exposición que titula "Negro Insondable", síntesis de 27 años dedicados a la pintura.

Podemos de una manera certera preguntarnos si existe una relación entre sus primeras pinturas de corte primitivista con estos cuadros de preeminencia monocromáticos.

Definitivamente la relación es mas profunda de lo que pensamos. Desde niño orientado por su madre, jugaba de dejar caer gotas de tinta china sobre hojas blancas, produciendo sus primeras obras infantiles gestuales.

Luego en su primera etapa de pintor establecido, preparaba su tela con una base de pintura negra sobre la que colocaba sus colores y figuras de corte primitivista, hoy es negro sobre negro. Algunos signos se repiten y amalgamados con la fantasía lo ha acompañado en ambas propuestas, paisajes con vacas reposando, paisajes con vacas reposando en las ramas de los árboles rodeados de espirales y astros, y paisajes siderales con sus planetas, estrellas y galaxias.

En ambos periodos el empaste esta presente, solo que en las pinturas negras, el empaste se acentúa y el trazo se carga de energía, ejemplo experiencia y maestría.

Para Isidro Con Wong, la influencia cultural de oriente es muy fuerte, recuerda las palabras de su abuelo en que en lo negro esta lo claro, que no es el fin de la oscuridad, sino el principio. Por lo que esta etapa lo llena de emoción, lo une a sus antepasados, a quienes rinde tributo con movimientos gestuales provenientes de su inconsciente y realiza estas 20 obras que presenta para nuestro deleite.

— Elizabeth Barquero, Directora Museo de Arte Costarricense

El árbol y los pintores naif

A estas imágenes de paz y de armonía se contrapone la singular y turbadora visión de Isidro Con Wong. Ellas muestran minúsculo ganado cebú circulando alrededor de lianas y de ramas cubiertas de liquen dorado bajo la claridad difusa de un astro indefinido, como si el animal naciera de la descomposición vegetal y estado-utópica. Aquí, un géne-sis angustiador que se sitúa entre el sueño y la pesadilla podrá reunir el punto de vista de un biólogo filósofo (1).

(1) Expuesto en La Magia de las Plantas p. 13-14 2 edición 1990. París, Francia

— Max Fourny

El mundo recreado con Isidro Con Wong

Un paisaje de tonos azulados y una luna de plata con suave resplandor iluminan LOS TOROS PEREGRINOS. Mundo recreado de ensueño, lírica fantasía que nos transmite el amor que este pintor chino costarricense siente por el paisaje guanacasteco que él conoció por muchos años, y al que parece ligado por un profundo sentimiento.

Ningún otro artista costarricense ha pintado ese paisaje con la serenidad y la compenetración con que lo hace Isidro Con Wong. Con delicadeza y ternura en cada pincelada nos presenta el bosque o el campo con árboles, aguaderos, ganado, en cuadros equilibrados, ricos en color.

Es el trópico matizado por la sensibilidad de un artista descendiente de inmigrantes cantoneses, pero nacido y formado en el puerto de Puntarenas de hace medio siglo, cuando la vida era más sencilla, más rica en color humano.

El artista nace con una capacidad para mirar y penetrar la realidad circundante, para luego recrear lo que ve. Quizás el alma cantonesa lo acerca a la tierra tropical en que le tocó en suerte nacer; pero Isidro Con Wong no pinta a la manera china; tal vez mira con ojos asiáticos las tierras guanacastecas.

No imita a nadie; no busca más que la reconstrucción de un ambiente que conoció con entrega de amante; no desea dominar la naturaleza, sino ser parte de ella. Tal vez este mensaje que percibimos en sus cuadros, tan olvidado en nuestro mundo moderno, sea más necesario ahora que hemos estropeado tanto nuestro planeta; quizás esa sea una de las razones de su éxito como artista. En los paisajes de Isidro Con Wong descubrimos el paraíso perdido en tantas regiones de la tierra.

— Hilda Chen Apuy, Escritora Costarricense, Premio Magón

Prólogo del Director — Museo Nacional de Historia de Taiwán

Isidro Con Wong es uno de los pintores más reconocidos de Costa Rica. Con impregna sus representaciones de la naturaleza y la vida campesina con una energía positiva que revela claramente su origen agrícola.

La obra de Con no solo demuestra la elegancia de la cultura española, sino que también tiene la capacidad de capturar la realidad descriptiva de la cultura china. Utiliza colores vivos y pinceladas enérgicas para crear imágenes fantásticas de árboles, paisajes y animales.

Sus pinturas han trascendido los aspectos técnicos y materiales de esta forma de arte para convertirse en un símbolo del arte posmoderno, mostrando su apego y amor por su lugar de nacimiento y su preocupación por el medio ambiente.

— Dr. Huang Kuang, Director del Museo Nacional de Historia

Isidro Con Wong, de la magia, la luz y la progresión — AICA

La creación pictórica y escultórica de Isidro Con Wong, artista costarricense de origen chino, nos introduce en el mundo mágico de la naturaleza y las energías dévicas.

De colores contrastados y sensitivos, de los que saltan chispas de energía, dado que todo lo que existe es movimiento, dinamismo y entidad energética, la materia es un espejismo, maya desbocado que nos conduce al laberinto, su pintura presenta entornos de paisajes y El Cebú, bobino oriental, descendiente del uro, que habitaba en la India, de cuernos cortos, aunque Con Wong lo refleja con cuernos largos, como mito. Un mito, que puede ser cebú o toro, bobino, que nos conduce a lo sagrado, a la perfección y a la armonía con el entorno y el toro. De ahí que su producción evolucione de una obra encuadrada dentro de una dinámica del realismo mágico con tintes naifs a una abstracción energética, donde se refleja claramente el impulso eléctrico de la esencia de la luz, de la progresión lumínica que nos conecta con el todo.

Su magia, potenciada por el uso de colores sensibles y sensuales, con predominio de rojos, azules, verdes, amarillos y cromatismos diversos, se refleja con la fuerza de los acontecimientos, representada a través de una serie combinatoria de entidades y seres, en la que animales, plantas, bosques, el cielo, los astros, la naturaleza y los cuatro elementos, con estructurados enfoques, primeros planos, planos generales y planos lejanos, constituyen una auténtica progresión de ritmos que nos presentan los diferentes estadios de la meditación y la serena contemplación.

En su obra más reciente se instala una actitud energética clara, en la que se subraya la fuerza de la transmutación del uno y del todo, del cosmos y de las galaxias, de la tierra y de sus seres, elementales, humanos, animales y también de los seres que luz que no muestra pero que están ahí, dirigiendo con sus bondades diversas y sus diferentes grados la madre tierra.

Pintor expresivo, alegórico y onírico, conecta con la magia de las estrellas en su pintura, hasta conducirnos a nuestro interior.

En otras series abandona el color y trabaja el negro sobre negro, aumentando el poder el enigma y la determinación de la materia para evolucionar hacia considerandos más elevados.

Su escultura es dinámica, llena de movimiento, directa y expresiva, con gestos, curvas, la figura del cebú, del toro, del bobino destacando cual animal sagrado, recordando la fuerza de la vida en progresión hacia la transmutación. Síntesis de un oriente que se funde con la magia sensual del trópico, de la Costa Rica multicolor y determinante. De esta forma se une el Yin y el Yang en un marasmo de formas que son partes de un todo que va más allá de la apariencia.

De la misma manera sus dibujos caligráficos exhiben el movimiento, el gesto, la vitalidad explosiva de quien se sabe poseedor del hilo conector que nos permite ver su mundo visible y también intuir el invisible.

— Joan Lluís Montané, Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

La pintura de Isidro Con Wong

La pintura de Isidro Con Wong parte de la realidad hasta envolvernos en un ensueño, en un mundo fantástico y poético que, en su faceta crepuscu¬lar o del claro de luna, sugiere la poe¬sía T'ang. Su figuración metamorfoseada se anuda en un ancestro oriental mati¬zado por la exuberancia tropical.

Contemplo la presencia de Oriente y del Extremo Oriente. La caligrafía lineal, la ondulación rítmica de tron¬cos y ramas envueltas por puntos luminosos, el balanceo de los árbo¬les, la luz de la luna o de las estrellas, -incluyendo alguna vez, el brillo do¬rado del cielo- rememora las minia¬turas islámicas del siglo XV, con su decoración deslumbrante o las celo-cías y sus arabescos entrelazados, cubridores del bosque caligráfico.

Su ritmo de ondulaciones seriales es propio del arte chino, ahora matizado por la textura de sutiles hilos fosfo¬rescentes. Ese ritmo undoso, de una sensación mágica, es el perfil unísono del persistente "leitmotiv" o pulso de la sensación: el cebú, buey de la India e Indochina y partícipe de nuestra ganadería.

La ondulación psíquica emocional es objeto de forma-ondulación, las crestas de los bueyes, conformando una unidad psíquica que, al mismo tiempo, y en relación con toda la caligrafía, conlleva un ritmo interior.

La estructura, a veces simple, de permanentes contrastes de un diseño significante, aporta una inevitable y rica asociación serial de relaciones mágico-sensoriales; o la lectura sígnica de un ordenamiento gráfico-numérico o del diseño símbolo.

El estricto diseño formal se acerca al pulcro esquematismo chino pero predomina una rica factura ornamen¬tal y pintoresca, iluminada con ramilletes de color. Desde el recuerdo de la naturaleza como marco familiar de una circunstancia cotidiana, nos transporta a la exótica imaginación ingenua o narrativa. Así se recrea ese ordenamiento ritual del concepto espacio-tiempo, con la vocación rítmico-ceremonial de Oriente.

Con frecuencia la naturaleza "in-mantada" hace visible lo invisible: el espíritu mágico de La Creación.

Un sensible equilibrio, de transpa¬rencias sutiles apoya la fascinación misteriosa de una narración evocadora. Es la sencillez poéticamente expresada o la riqueza de la multipli-cidad caligráfica.

En suma, la magia esplendorosa de Oriente convive con la fragancia tropical.

La pintura de Isidro Con Wong parte de la realidad hasta envolvernos en un ensueño, en un mundo fantástico y poético que, en su faceta crepuscular o del claro de luna, sugiere la poesía T'ang.

Su figuración metamorfoseada se anuda en un ancestro oriental matizado por la exuberancia tropical. La caligrafía lineal, la ondulación rítmica de troncos y ramas envueltas por puntos luminosos, el balanceo de los árboles, la luz de la luna o de las estrellas rememora las miniaturas islámicas del siglo XV.

La magia esplendorosa de Oriente convive con la fragancia tropical. Un sensible equilibrio de transparencias sutiles apoya la fascinación misteriosa de una narración evocadora.

— Ricardo Ulloa Barrenechea, Asociación Internacional de Críticos de Arte

Isidro Con Wong y su naturaleza

Al sur de la Península de Nicoya, en el distrito de Paquera que pertenece al cantón Puntarenas en la provincia del mismo nombre, Isidro Con Wong trabajó por mucho tiempo como agricultor, ganadera, pescador y maderero, en una propiedad familiar en el sector Gigante, con vista al Golfo de Nicoya. Eran unas ochocientas manzanas de terre-no con mucho sitio abierto y ganado arisco cuando llegó. Tuvo que repastar para la cría de ganado ya enraizado de tipo cebuíno. Sembró mango injertado, plátano, arroz en secano y metió algo de maquinaria agrícola. El terreno tenía una parte plana y otra de montaña, bajura y cerros. Este fue su refugio y SH reserva natural que encontró medio silvestres. Ahí metió vacas, toros, caballos, cabros, cerdos y aves de corral. Ahí, al lado de Punta Gigante y frente a la Isla Muertos en el Golfo de Nicoya, se hizo pescador. Ahí, en los cerros y planicies, se hizo maderero y conocedor de la flora y la fauna regionales.

La pintura de Con Wong no puede apreciarse sino se piensa en esa naturaleza y los ecosistemas que cobijan sus obras, como parte integral del Área de Conservación Tempisque del Servicio de Parques Nacionales, en lo que son la Reserva Biológica de las Islas del Golfo de Nicoya y el Refugio Nacional de Vida Silvestre Curú, con toda su fauna y flora, sus bosques, puntas, esteros y playas. Reservas biológicas y refugios de vida silvestre en cuyos bosques deciduos y semideciduos, aún se encuentran maderas de ceibo, Cristóbal, guapinol, pochote, ronrón, indio desnudo y otras especies, aparte del manglar y la vegetación de playa. Naturaleza que cobija muchas especies de aves marinas como pelícanos tijeretas de mar, gaviotas, piqueros, halco¬nes y muchas otras. Naturaleza marina cuajada de ostras, langostas, cambutes, cangrejos, quitones, percebes y gran variedad de peces.

Este es el mundo primigenio de Con Wong, aparte de toda su ascendencia hacina paterna, que desde Cantón llegó a Puntarenas a finales del siglo pasado.. Cuando nace Con Wong en Puntarenas a principios de la década de los treinta, las primeras migraciones chinas para el trabajo de plantacio¬nes y tendidos ferroviarios, son parte ya de la historia nacional, tanto del lado del Caribe como del Pacífico. Por eso, Con Wong es más costarricense que oriental, es más guanacasteco y puntarenense, porque gran parte de su vida y madurez ha estado en contacto con la tierra y el agua nicoyanas, allá en Gigante de Paquera. Por ser su pintura no puede ubicarse, sin más, en cualquier intento de explicación sobre la ascendencia o la vivencia chinas.

No hay que olvidar que Con Wong empezó a pintar después de los cuarenta y cinco años, en el tiempo libre que le fue dejando su trabajo como agricultor, ganadero y pescador. El mismo cuenta que dibujó en la playa con un palo y que con achiote decoró los sacos de gangoche del arroz que cultivaba. Así empezó a pintar como antes aprendió a dominar la naturaleza con el trabajo, cuando su propiedad en Gigante de Paquera, tenía mucho de silvestre y todavía se podían ver tigrillos, jaguares y venados, aparte de armadillos, garrobos, iguanas, congos, monos carablanca, monos colorados, titís, serpientes y gran cantidad de aves.

Con Wong empezó a pintar cuando realmente conocía lo que es un toro con giba que tanto aparece en su trabajo pintado, es decir, cuando lo pudo cruzar, mejorar, cuidar y reproducir, después de empastar sitio abierto y voltear montaña bruta en su propiedad. Después también de que, a falta de pasto, aprendió la manera de alimentar su ganado con el matón que viene luego de sembrar mucho arroz en el mismo terreno. Sabiduría de hombre del campo que apren¬dió a volcar en sus pinturas todas esas referencias terrestres y marinas.

Por todo esto, con Wong no puede ser considerado -así por así, como etiqueta- un pintor ingenuo o naif, artista folk o campesino, primitivo o nativista, como muchos lo tratan de ubicar. Es un pintor nada más, de tipo realista no natura¬lista, que testimonia lo que ha visto, conocido y hecho por mucho tiempo. Es como muchos artistas de ese tipo que, desde el Aduanero Rousseau en París, se han hecho famosos con sus pinturas instintivas y realista-utópicas, alejadas de la sociedad industrializada y los agitados espacios urbanos. Pintores autodidactos casi todos, con una pintura que empieza a manifestarse en la madurez, luego de una larga vida como campesinos, artesanos, obreros fabriles, trabaja¬dores en lo propio o en servicios públicos y privados. En este sentido, Con Wong se aproxima a las visiones de la muy conocida pintora "primitiva" Grandma Moses, con su pequeño cosmos en la existencia de cualquier granjero o colono norteamericano, que plasma retrospectivamente el mundo original de trabajo.

Es un mundo de recuerdos y nostalagias de la niñez, la juventud y parte de la conciencia madurada en el trabajo, la vida y la comunicación humana. Es la obra de hombres y mujeres que se resisten a al jubilación y quieren ser la crónica o el testimonio de otra época no muy lejana, pero muy olvidada o desconocida por hijos, nietos y coterráneos.

La simiente estética de Con Wong como la de todos los pintores de su género- no está en el arte de ninguna otra latitud histórica como la del arte prehistórico, medieval o primitivo. Nada que ver, igualmente, con la artes y las industrias de los pueblos originarios o arcaicos que estudia la etnografía, desde las culturas tribales y cazadoras, a los pocos pueblos que como testimonio existen aún en Australia o el Amazonas, en momentos de su exterminio por las corrientes "civilizatorias" que poco a poco llegan a ellos para la explotación de las riquezas naturales en sus habitáis milenarios. Mucho menos este arte tiene que ver con el otro, el llamado Arte con mayúscula de cualquier tiempo, su peditado a las influencias y corrientes del gusto aristocrático o burgués, de la demanda oficial o el mercantilismo privado. Es otro arte surgido para otros fruidores que se encuentran sumergidos en la tradición y la vida comunitaria: es parte del verdadero arte popular o arte del pueblo, en donde la comu¬nicación y la transmisión cultural, son todavía patrimonio del común, en un espacio social en que todos son al mismo tiempo creadores y recreadores.

Con Wong es pintor y ya. Quizá ahora su obra, muy cotizada en el medio nacional, haya perdido algo de su original procedencia, pero en esencia sigue siendo obra muy personal en un mundo de comunicación estética con otros que pintan o fabrican objetos de carácter económico y popular: exvotos, decorados de feria, pintura mural calleje¬ra, lápidas y ofrendas funerarias, talles, cerámica, tejidos y muchos otros productos, que llenan una función social inmediata o son parte de la memoria comunal. Sus cielos estrellados como juegos de pólvora; sus horizontes terres¬tres y marinos que cortan islas, mares, praderas y montañas; su vegetación y anotaciones' frutales que no pertenecen a ninguna botánica que no sea nicoyana, su manglar y vulca-nología pintados como decorados de un teatro ecológico, son registros nemotécnicos de una naturaleza que el mismo pintor supo dominar y transformar. Son escenas pintadas de lo vivido y elaborado en Gigante de Paquera, frente al Golfo de Nicoya.

Los toros y vacas de Con Wong, que aparecen en la distancia o en primer plano de sus cuadros, nos miran fijos al igual que cuando los vemos en la realidad al pasar frente a potreros o cercados en la región ganadera del Pacífico costarricense. Incluso podemos distinguir en su obra, si son las patas cortas de un brahmán o las patas largas del Indo brasil. El ganado prendido a las ramas de los árboles en muchas de sus pinturas, no son concesión a ningún surrea¬lismo o realismo mágico, sino referencias indirectas de especies arbóreas de cuyas hojas y frutos se alimenta el ganado en las épocas secas; las ramas que como barreras aparecen en el primer plano de sus cuadros, son del manglar nicoyano que sirve para curtir cueros, hacer tinte o carbón y para refugio de fauna' marina; el volcán que últimamente se repite en algunas pinturas, pertenece a la geología de la Cordillera Volcánica de Guanacaste, del Orosí al Arenal; los mangos que cuelgan como bombas de cristal en los portales navideños, son los mismos trasmutados que el pintor cultivó en su propiedad; las tinajas pintadas en otros cuadros, se remontan a la cerámica chorotega o aquella del Golfo nicoyano que miraron los-primeros europeos que pasaron por la Isla de Chira y que hoy los intermediarios de las ceramistas de guatil han vuelto objeto mercantil; en fin, toda su pintura se encierra en ese mundo natural que supo vivir con pasión y tenacidad, y que hoy surge como crónica de su historia personal y comunal.

Con todo, Con Wong no es un pintor naturalista de los que solo trasladan mecánicamente al lienzo, la epidermis de las cosas. Con Wong urga en su memoria y experiencia para recrear, sintetizar y comunicar una nueva realidad. Su color es el de un trópico seco diferente, con predominio de azules y cálidos amortiguados. Por eso algunos toros y vacas aparecen violáceos o ligeramente rojizos recortados en vegetaciones, suelos y cielos oscurecidos, saturados de flores, piedras, hojas o estrellas. Su botánica es tropical vista más de noche que a pleno sol. Su obra Ayudando a papá que luego bautizaron como Memorias de un amanecer, es toda una cronología visual del trabajo en una granja o finca familiar, donde aparecen pequeñas figuras humanas que son raras en sus cuadros: niños cuidando un diminuto hato en un paisaje de bajura. En otros cuadros el hombre -casi siempre un niño que puede ser el mismo pintor- aparece montado en la res, conduciendo la partida de ganado. Pero lo predominante en su pintura e lo silvestres o marino que, como reserva o refugio, solo permite la presencia del gana¬do, símbolo de toda una región que recorre las pinturas de Con Wong, el pintor del realismo en la vida del Pacífico costarricense.

San José, 15 de mayo, 1991.

— Roberto Cabrera Padilla, Crítico de Arte de Guatemala

Isidro Con Wong — Melodías de otros mundos

La inconfundible figuración del artista costarricense Isidro Con Wong (Puntarenas, 25 de febrero de 1931 - San José,1 de septiembre de 2024) posee una cualidad metafísica; su interpretación del mundo a través de la pintura atraviesa las formas, las modela y nos devuelve una visión filosófica que se adentra en lo espiritual.

Melodías de otros mundos es una de las obras más elocuentes dentro de la amplia producción de este artista, quien encarna la consolidación de una actualidad plástica centroamericana con voz propia. En esta pieza, el creador despliega una poética visual que se traduce en un simbolismo de profunda reflexión conceptual; se trata de una mirada a lo etéreo de la existencia, a la magia de vivir, con toda su grandeza y fragilidad.

La obra se caracteriza por una figuración deliberadamente fantasmagórica, que evita la mímesis para situarse en un terreno entre lo reconocible y lo onírico. Las figuras parecen emerger de un espacio indeterminado, casi cósmico, donde el color y la forma irradian luz y se convierten en portadores de significados, más que en descriptores de la realidad.

Desde el punto de vista cromático, Melodías de otros mundos evidencia un manejo sofisticado de los pigmentos, con capas que producen un efecto de profundidad y vibración visual. El color no cumple aquí una función decorativa, sino expresiva y estructural: utiliza el espacio pictórico para sugerir estados emocionales y energéticos. La composición, cuidadosamente equilibrada, remite a una suerte de partitura visual, en consonancia con el título de la obra, donde cada elemento parece «sonar» en relación con los otros, estableciendo un ritmo interno que guía la mirada del espectador.

En el plano conceptual, la pintura propone una reflexión sobre la existencia más allá de lo tangible. El «otro mundo» al que alude el título no debe entenderse, únicamente, como una dimensión fantástica o sobrenatural, sino como una metáfora de los territorios invisibles de la conciencia, la memoria y la espiritualidad. El artista logra así trascender lo anecdótico, para situarse en un ámbito universal, donde confluyen tradiciones filosóficas orientales, sensibilidades latinoamericanas y una búsqueda profundamente personal e introspectiva.

La importancia de Isidro Con Wong en el contexto centroamericano radica precisamente en esta capacidad de articular lo local y lo universal, sin recurrir a los estereotipos identitarios, sin caer en lo folclórico ni en la abstracción formalista, proponiendo un lenguaje híbrido que dialoga con las vanguardias internacionales salvaguardando su anclaje cultural. En este sentido, Melodías de otros mundos puede leerse como un ejemplo paradigmático de su aporte: una pintura que invita a la contemplación, al silencio y a la reflexión, y que confirma a Con Wong como una figura clave en la historia del arte contemporáneo de la región. Y es que su forma peculiar de construir la obra, con texturas que solo él sabía hacer, es en sí misma un terreno proclive a la meditación, un proceso de introspección en el cual la manipulación de la materia va más allá de ella misma y se convierte en una práctica espiritual.

Lejos de agotarse en una sola interpretación, esta obra mantiene una vigencia notable por su densidad simbólica y su calidad formal, reafirmando la relevancia del artista, cuya obra continúa ofreciendo nuevas lecturas y resonancias en el panorama artístico centroamericano e internacional.

— Ángel Alonso

La pintura nativista de Isidro Con Wong

"Leer" la pintura de Isidro Con Wong es acercarse a una forma de autobiografía, como el propio artista lo confiesa, al admitir que no le es posible pintar aquello que no ha visto o experimentado. Sin pertenecer a escuela alguna, ni poseer antecedentes académicos, su pintura surge con la fuerza y la espontaneidad propias del mundo que recrea.

— Víctor Hugo Fernández

Isidro Con Wong

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